VIBORESTAURANT, hablaremos de los restaurantes de todo el mundo, desde nuestro punto de vista que logicamente es muy subjetivo.


sábado, 24 de marzo de 2012

¿Eres un fascista gastronómico?

El que no come el bife jugoso, no sabe nada. Si los fideos no están al dente, hay que tirarlos. Ponerle azúcar al mate es una herejía. Nunca faltan los ultra conservadores que fruncen la nariz y se ofuscan ante cualquier hábito que vaya en contra de la tradición. Aquí, algunas de sus manías más insoportables.


La gastronomía de cualquier lugar se nutre de otras tradiciones culinarias, evoluciona con la tecnología, experimenta con la cocina fusión, se aggiorna por motivos de moda, gusto o salud. Está viva, como un organismo en permanente crecimiento y experimentación.

Es justamente esta evolución constante y curiosa la que nos permitió pasar del pan y queso a los bagels con cream cheese o del arroz hervido al risotto, al chaw fan o al arroz con leche. Si no fuese por los chefs entusiastas, los navegantes inquietos, las marcas que buscan ganar mercado y hasta las ama de casa aburridas seguiríamos comiendo raíces machucadas como lo hicieran los aborígenes que antes pisaron este suelo.

Pero, como en todo cambio, siempre hay alguien que se opone. Una suerte de fascista gastronómico que vive convencido de que es el guardián de la cultura gastronómica del mundo y que su deber es perseguir, castigar y taladrarle el cerebro a cualquiera que no se ajuste a sus polvorientos cánones y definiciones. Para ellos, la gastronomía es algo parecido a la religión, un decálogo de normas estáticas que separan el bien del mal. Van por cuanto blog y foro encuentran vociferando, enojados, que el mundo está en caída libre por culpa de quienes le ponen azúcar al mate, le dicen lasagna al milhojas de berenjena, o enfrían dos grados más una botella de Malbec. Si fuera por ellos, nada debería cambiar. Hay una forma en la que se hizo siempre y es la correcta. ¿Variaciones? Mariconerías. ¿Agregados? Todos inventos. ¿Cocina molecular? Una tontería.  Por suerte, nadie les presta atención. Si lo hiciéramos, todavía estaríamos comiendo lo mismo que los aztecas.  

Sus quejas son tan poco originales que se pueden enumerar. Algunas tienen que ver con la mejor forma de hacer las cosas (aunque sea de práctica imposible y ni siquiera ellos las hagan) y otras con la tradición y la pureza de una receta. 

1. La pizza es de mozzarella, como mucho napolitana
No hay conversación entre fascistas gastronómicos en las que no se enojen con la pizza de rúcula. Es un cliché que nunca se muere. No se cansan jamás de repetir que la pizza de verdad es la de mozzarella, que lo demás es una herejía. Como mucho, aclaran siempre, unas rodajas de tomate fresco y un poco de ajo. “¿Pizza con palmitos?” rezongan: “Dejame de joder, ¿qué le vamos a poner después? ¿Frutillas?” Y sí, si queda bien quizás le pongamos frutillas. ¿Por qué no? ¿Qué tiene de malo probar cosas nuevas?
2. El café se muele en el momento
Cada vez que hablás de una cafetera estos insoportables se apuran a aclarar que no vas a poder disfrutarla porque no tenés un molinillo. “El café se muele en el momento” sentencian, rotundos. Si bien es cierto que molerlo en el momento garantiza un café más aromático y sabroso en paladares refinados, la verdad es que la mayoría de la gente no se da cuenta de la diferencia. Para el caso, el paquete de café abierto, en granos, dura una semana y después pierde su aroma y sabor. Si ellos pueden tomarse un cuarto kilo de café por semana abriéndolo y moliéndolo cada vez que lo van a consumir, yo les diría que dejen de declamar y vayan corriendo al gastroenterólogo porque van a tener problemas.
3. El mate se toma amargo / debe ser de madera o calabaza / agregarle yuyos es un crimen
Los fascistas gastronómicos joden sin parar con que el mate debe ser amargo, tiene que estar construido sí o sí de madera o calabaza, con que si el agua hirvió no sirve más aunque se la deje enfriar y con que la yerba debe ser de una marca específica porque las otras son todas una porquería. Si se los cuestiona, empiezan a hablar de la tradición, del verdadero sabor, de la identidad del argentino. Lamento desilusionar a estos pesados, pero yo en el Litoral profundo he visto a los gauchos más rústicos, con el pelo sucio de días y las manos llenas de durezas, tirarle dos cucharadas soperas de azúcar blanca y brillante a sus varoniles porongos de cuero, en donde siguieron tomando cuando el agua se enfrió y la bebida devino en tereré que coronaron con galletitas pepas de membrillo.
4. La gente que no come la carne jugosa no sabe comer
Si la única forma de comer carne fuese jugosa, no existirían los términos “cocido”, “a punto”, “jugoso”, “sangriento” para definir el punto de cocción que elige cada comensal para su bife de chorizo. Si alguien adora la carne bien cocida, dejen de hostigarlo. No saber comer tiene que ver con la falta de curiosidad y de avidez, con no conocerse a uno mismo y con no entender qué nos gusta y qué no después de haberlo probado todo. No tiene nada que ver con seguir las indicaciones de algún sabelotodo sin cuestionarse ni hacer un camino propio.
5. El asado debe ser a leña
Nunca falta un maleducado que cae en tu casa a comer un asado, mira el carbón de la parrilla y larga sin anestesia que él el asado lo hace con leña porque le da otro sabor. Sí, pesado, ya todos sabemos que el asado a leña es más rico que el asado a carbón, pero también importa la habilidad del asador, los cortes de carne, la calidad y ternura de esa carne, el ojo para sacarla de la parrilla a punto, la distancia y la potencia del fuego y otro millón de cosas más. La leña es difícil de conseguir y lleva mucho más tiempo que a veces no tenemos. Ya que tanto te gusta enseñar, la próxima vez vení más temprano con una bolsa de quebracho y no a la hora de comer con un vinito berreta.
6. Las pastas se deben comer al dente
Las pastas son un tema que obsesiona particularmente al fascista. “Si el ñoqui no tiene rayas es un malfatti”, “sólo los canelones permiten el uso de cuchillo”, “el queso rallado arruina un plato de pastas”, “la pasta se come con manteca u oliva, esas salsas complicadas las arruinan”, “no hay que ponerle aceite al agua / hay que ponerle aceite al agua”, “la lasagna es de masa, la de berenjenas no puede ser llamada de la misma manera”, “el pesto de rúcula es un insulto al pesto”, son algunas de las cosas que más los enloquecen. Sin embargo, gana por goleada el punto de cocción de la pasta seca. Aunque compren los fideos más baratos del supermercado, ellos se sienten el Gato Dumas porque la sacaron cinco minutos del fuego. Relajensé, chicos, no existe una única forma de consumir los alimentos.  También hay que saber apreciar la belleza de un plato de fideos moñitos medio pasados con manteca fría y un puñado generoso de queso.
7. El queso philadelphia mató al sushi / eso no es sushi
Otra de las máximas insoportables de estos fascistas que ahora son tan japoneses que no pueden abrazar la adaptación norteamericana de esta maravilla culinaria. Ni quiero pensar lo que dirán de la cocina nikkei, del sushi con frutilla, kiwi y palmito, o de la tendencia del sushi con arroz integral que arrasa en Nueva York. Abúrranse ustedes comiendo sólo nigiris de salmón, que nosotros —herejes e impuros pero siempre curiosos— estamos contentos probando qué tienen de nuevo los sushimen.  
8. A lo casero no hay con qué darle
Además de ser una máxima insoportable, muchas veces es mentira. Un turrón casero, por ejemplo, rara vez está mejor hecho que un rico turrón De La Viuda, que tiene todas las almendras tostadas en el mismo punto y un batido tan potente y largo como para lograr esa masa dura, crocante y pegajosa que tanto nos gusta de la torta de almendras. La máquina de hacer helados es otra prueba de esta mentira: la mayoría de la gente que hace helado casero lo pondera pero jamás puede superar a una buena heladería artesanal que hace sesenta años hace el mismo dulce de leche perfeccionando la receta.
9. El té se toma solo o se endulza con miel
Otra de las reglas densas de esta gente. Ya he visto a más de uno comer hamburguesas congeladas, salchichas y jugo en polvo y después explicarme por qué está mal la sucralosa y que el té se bebe solo, o a lo sumo con miel. Para empezar, la miel le cambia el sabor al té, pero ustedes no se podrían dar cuenta porque tienen el paladar arruinado por las salchichas. Y para terminar, la miel engorda muchísimo y no por natural deja de tener un 80% de azúcares simples (igual que el azúcar) y como tal, sólo debería ser consumida como postre o en muy pequeña cantidad. 
10. El tiramisú debe ser con mascarpone o no es tiramisú
Una de las cosas más graciosas de los fascistas gastronómicos es su obsesión con los ingredientes. Si supieran que gran parte de los restaurantes en los que comen hacen risotto con arroz doble carolina, sushi con vinagre de alcohol, lomitos con cuadril, tacos con tortillas de harina de trigo y, por supuesto, tiramisú con queso blanco mezclado con crema, se cortarían la lengua para siempre. Las recetas se adaptan a los ingredientes de cada país. Es muchísimo mejor un plato con los ingredientes cambiados pero que sean locales, frescos y de estación, que respetar una receta pero usando un queso o un arroz envasado hace veinte meses del otro lado del planeta.


Por Carolina Aguirre
PlanetaJOY

viernes, 10 de febrero de 2012

Chupa Chups de vino Tinto


Ingredientes:

  • 1 1 / 2 tazas de vino tinto dulce con no más de 18% de alcohol por volumen
  • 3 cucharadas de jarabe de maíz
  • 3 / 4 taza de azúcar
  • 1 / 8 cdta. sal kosher
  • Moldes para paletas y palitos

Paso a paso:

Llevar el vino tinto a fuego lento en una cacerola pequeña hasta que se reduzca a 1 / 3 taza, aproximadamente unos 20-25 minutos. Retirar del fuego y dejar enfriar por completo.
En una olla mediana combinar el azúcar, el jarabe de maíz, sal y reducción de vino. Revolver hasta que se mezclen. Colocar un termómetro de caramelo a un lado de la cacerola y dejar hervir a fuego medio. Revolver de vez en cuando con una espátula resistente al calor hasta que todos los gránulos de azúcar se hayan disuelto. Hervir hasta que la temperatura del caramelo llegue a los 310 grados en un termómetro de dulces.
Retirar del fuego y rellenar los moldes engrasados con el caramelo caliente. Colocar el palito y girarlo para que se cubra de caramelo.
Dejar que las paletas enfríen completamente y desmoldar. Almacenar en un recipiente hermético

jueves, 9 de febrero de 2012

PICA PICA, TAPA TAPA


Con el nombre de picada o tapeo, la costumbre de servir un montón de pequeñas preparaciones no reconoce fronteras. . La sabia costumbre del tapeo, hoy tan extendida en nuestras latitudes, permite disfrutar una miríada de sabores distintos en una misma ocasión. Posiblemente llegado de Europa con la inmigración, este sano hábito creció con los años hasta convertirse en uno de los rituales gastronómicos más festejados y frecuentados por todos los argentinos. ¿Quién no lo practica con cierta habitualidad, acaso, en sus múltiples versiones frías o calientes, en diversas circunstancias y en cualquier época del año? Adicionalmente a todas las bondades que le son propias y que pronto pasaremos a analizar, semejante manera de disfrutar el momento gastronómico permite acceder a un número importante de beneficios que no ofrece la comida tradicional, como la posibilidad de llevarlo a cabo bajo el modo de “a la canasta”, la menor cantidad de platos para lavar y la rapidez con que se puede montar, especialmente en el caso de las picadas de quesos y fiambres. Actualmente las tapas se utilizan tanto para ese propósito como para destacar las virtudes del cocinero, ya que es una manera simple de probar diferentes preparaciones en porciones pequeñas, como un verdadero menú degustación. Y aunque no se las considera como tales, es bueno analizar aquí el fenómeno paralelo –también creciente– de las tablas, que facilitan el ejercicio de entregarse al deleite con la más amplia variedad de quesos y fiambres.
Ahora bien, considerando las tapas y las tablas como una posibilidad cierta de probar variedades y calidades de alimentos, no está nada mal aprovechar esas ocasiones para hacer algo similar con los vinos que acompañan. El inabarcable universo de la bebida más noble está colmado de exponentes capaces de proporcionar el ensamble más adecuado. Cepajes, cortes y estilos determinan el sabor justo según cada paso, porque una ronda de picada o tapeo es también una noche para descubrir sensaciones. Y esa es, precisamente, otra ventaja adicional. Mientras que una comida regular obliga a ajustarse a los pocos platos servidos (por lo general, una entrada, un principal y un postre), las tapas y tablas de picadas no reconocen fronteras a la hora de hacer pruebas de sabores entre botellas e ingredientes. Y entregarse a ello, sin dudas, es un placer tan evidente como accesible en términos de tiempo y recursos.

En la variedad está el gusto
El mundo de las tapas es prácticamente inabarcable. Hay tapas basadas en carne, pescados o vegetales, frías o calientes, picantes o suaves. Desde unos buñuelos de acelga hasta una brochette, casi todas las comidas pueden convertirse en tapas si la idea es disfrutar probando. Una pequeña lista de tapas exitosas y conocidas junto con los vinos que hacen un buen cortejo nos da una idea del abanico de posibilidades al respecto y es sólo una muestra infinitesimal de un universo poblado por diferentes ingredientes, salsas, cocciones y aderezos.

• Berenjenas fritas: Tempranillo joven, apenas tocado por madera de roble.
• Albondiguitas de cerdo: Malbec frutado pero intenso, de cuerpo medio.
• Pinchos de champiñones y pollo: blend de Merlot y Syrah, de sabor fresco y especiado.
• Buñuelos de acelga: rosado de Malbec, seco pero carnoso.
• Caracoles en salsa de tomate: blend con Malbec y Bonarda, que amalgama untuosidad y frescura.
• Rabas: Chardonnay o Semillón ricos y frutados.
• Patatas bravas: Cabernet Sauvignon complejo, con algo de añejamiento.

Ahora bien, visto esto, realmente vale la pena tomarse algún tiempo para elaborar una pequeña lista de preparaciones y proponer a amigos y seres queridos una jornada de tapas y vinos que, a no dudarlo, puede ser un evento para no olvidar. Sin embargo, mucha gente rehúye de cocinar y prefiere las picadas de quesos y fiambres. Ello tampoco presenta problemas porque en ese caso también hay variantes casi infinitas y vinos dispuestos a proporcionar una excelente compañía.

Encuentro milenario
Un pedazo de queso, un buen pan y una copa de vino debe ser, seguramente, el maridaje más practicado en la historia de la humanidad, al menos en la parte occidental del mundo. En nuestros días, esta costumbre ancestral se puede ver multiplicada en una tabla, donde existe la posibilidad de saborear toda clase de ejemplares. A diferencia de lo que ocurre con las carnes, la grasitud láctica de los quesos no produce un choque de sabores con los tintos recios y de cuerpo; al contrario, es la mejor combinación. Los assemblages que componen la aristocracia de los vinos –es decir, los más prestigiosos y caros– encuentran un momento brillante para ser degustados en ocasión de tablas que incluyan ejemplares estilo parmesano, gruyere y fontina. Los quesos con un pronunciado gusto salado, como la mozzarella, se llevan con tintos de cuerpo medio a liviano en la línea de Pinot Noir y Sangiovese. Los de oveja y cabra prefieren blancos frescos, de buena acidez, y los quesos azules o los de gusto punzante (roquefort, camembert, brie), armonizan perfectamente con vinos dulces.
En el caso de los fiambres, es prudente guiarse por algunas premisas basadas en sus distintos tipos, lo que a su vez permite avanzar sobre ideas concretas respecto de los caldos que habrán de acompañar. Los jamones se llevan bien con los tintos, y muy especialmente el jamón crudo, que va de maravillas con todos aquellos potentes y criados en roble. En materia de ahumados (jamón, panceta, lomo), que cuentan con ese ingrediente que les da su nombre, lo mejor es optar también por los vinos rojos intensos (Malbec, Cabernet Sauvignon, Syrah), de buen porte y persistencia.
Hay que tener cuidado con los embutidos tipo salames, chorizos y longanizas, dado que su alto componente graso y la eventual presencia de granos de pimienta u otros ingredientes de sabor agresivo no favorece la ingesta de tintos. Para ellos, muchas veces son preferibles los blancos frescos, al igual que con la mortadela. Los patés y el leberwurst no suelen presentar problemas ya que se los unta en panes, tostadas o galletitas, y por eso aceptan de buen grado tintos amables tipo Pinot Noir o Merlot, amén de algún rosado o blanco fresco. El maridaje regional es siempre un camino acertado: para ahumados patagónicos, por ejemplo, nada mejor que los productos vínicos de la región, y la regla puede seguirse en todo aquel bendito lugar en el que se elaboren quesos, fiambres y vinos.
Lo dicho: las posibilidades son casi infinitas. Sólo hay que entregarse a ese placer de probar, experimentar y disfrutar de esas cosas tan buenas que nos da la vida.

Vinos por copa, también en casa
El avance experimentado por la industria gastronómica argentina en la última década abrió las puertas a una costumbre muy común en el primer mundo: el vino por copa. Sin embargo, es poco probable y mucho menos económico tener en el hogar un auténtico dispenser por lo que las alternativas pasan por el empleo de la inteligencia y el sentido común. Como siempre, las reuniones de amigos ofrecen la opción de que cada uno traiga una botella, pero si el número de personas es acotado y se quieren probar varios vinos, se impone la apertura de botellas que quizás no serán terminadas. Las soluciones a este problema son muchas, pero podemos enumerar las más básicas:

• Guardar los contenidos sobrantes en la heladera para acompañar futuras comidas (no más de dos o tres días).
• Hacer lo anterior de acuerdo con una planificación, de manera de preparar en los días siguientes platos que combinen con los vinos guardados.
• Otra posibilidad es destinar las sobras vínicas de calidad a una reserva de “vinos para cocinar”. Lo bueno de esto es que evita la necesidad de abrir una botella solamente con ese propósito, puesto que así tendremos siempre algún tinto y algún blanco abierto (lo ideal es contar con ambos) en la heladera.
• Mucha gente destina los sobrantes a preparar vinagres caseros. Para el que tiene interés y conoce el procedimiento, es otra alternativa.
• En última instancia, una botella abierta pero aún fresca puede ser obsequiada a vecinos, encargados de edificios u otras personas que seguramente no despreciarán una buena etiqueta recientemente descorchada.



FUENTE EL CONOCEDOR

lunes, 30 de enero de 2012

CLAUSURA MADRID FUSION 2012



Cerró Madrid fusión 2012 ya conocemos las cifras de asistentes a la Cumbre Internacional de Cocina que celebraba este año 2012 su décima edición. Aunque todavía quedan datos por recibir, ya se ha cerrado la cifra global deasistentes: 5.315 personas se han dado cita en esta fiesta anual de la cocina de vanguardia.
Destacan otras cifras como la de periodistas y medios de prensa presentes en Madridfusión 2012: 726 periodistas han asistido a la cumbre, de los cuales 214son extranjeros que trabajan para medios de todo el mundo y 512españoles.
Se han presentado más  de 300 platos de los grandes Chefs mundiales queremos destacar este Steak un clásico de El Celler,  al estar en la linea culinaria del vino puede intentarlo, creo que no le saldrá igual. pero salga lo que salga estará bueno.
STEAK TARTAR CON PASAS DE OLOROSO Y VINAGRE DE JEREZ
INGREDIENTES:
Tartar:                                              
110 gr. solomillo de ternera 
10 gr. alcaparras
10 gr. pepinillos encurtidos
5 gr. cebolla
C/S mahonesa de mostaza
C/S tabasco, salsa Perrins, sal y pimienta
Helado de mostaza:                         
½ l. nata
100 gr. yema
2 gr. sal
50 gr. mostaza antigua
3 hojas de gelatina
Mantequillas:                                   
500 gr. mantequilla
C/S pimentón de la vera
C/S cúrcuma
C/S pimienta de Sichuan
C/S cebollino picado
Pan soufflé:                                      
250 gr. harina fuerte
250 gr. harina floja
10 gr. levadura prensada
C/S agua fría
Mantequillas de sabores
Confitura de limón y alcaparra:      
100 gr. limones
100 gr. azúcar
50 gr. alcaparras encurtidas
Compota de tomate especiado:       
300 gr. puré de tomates
40 gr. azúcar
20 ml. vinagre 
1 gr. páprika
C/S tabasco, sal y salsa Lea&Perrins
Pasas de vinagre de jerez y oloroso:
200 ml. vinagre de jerez viejo 
1,5 gr. calcic (sal de calcio)
2 gr. xantana
1/2l. agua
8 gr. alginato
C/S azúcar.
Salsa Foyot:                                     
200gr de mantequilla clarificada
100gr de yema
20gr de reducción de vinagre de jerez y estragón
10gr de fondo de ternera reducido
200 ml. vino oloroso estilo Shery
ELABORACIÓN:
Tartar: Picar muy fino la carne, mezclar con el resto de ingredientes, sazonar y reservar.
Helado de mostaza: Hervir  la nata, incorporar la mitad a las yemas sin dejar de remover, verter esta mezcla sobre la nata sobrante y calentar hasta 85ºC. Disolver en esta la gelatina, ya hidratada, la sal y la mostaza, dejar temperar. Rellenar con la mezcla un biberón y dejar caer gotas de la mezcla en un recipiente con nitrógeno líquido, colar y reservar en un tuper en el congelador a -18ºC.
Mantequillas: Dividir la mantequilla, en pomada, en 4 partes.  Aliñar cada una de ellas con una de las especies. Una vez sazonadas reservar en pequeñas mangas.
Pan soufflé: Mezclar las harinas y formar un volcán. Diluir la levadura con unos 200ml. de agua para empezar, mezclar con la harina y amasar, mientras rectificar de agua o de harina según convenga. Dejar reposar la masa ya fina 6 h. Estirar la masa con la máquina de pasta fresca hasta llegar a la posición mas fina, cortar pequeños aros de 10mm, hornear a 250ºC hasta que se hinchen  y se doren. Rellenar las "bolitas" de pan con las distintas mantequillas con ayuda de una manga pastelera.
Confitura de limón y alcaparra: Cortar el limón en daditos y cocer junto con el azúcar y las alcaparras también picadas hasta adquirir textura de confitura.
Compota de tomate especiado: Hacer un caramelo en seco con el azúcar, cuando esté rubio, cortar la cocción con el vinagre, añadir el puré de tomate y sazonar con el resto de ingredientes. Reducir hasta obtener una textura de compota.
Pasas de vinagre de jerez : Mezclar el agua y el alginato con el robot. Reservar. Mezclar con el robot el vinagre con el calcic y la xantana. Envasar la mezcla al vacío. Dejar caer unas cucharadas de esta preparación sobre el baño de alginato, dejar sumergido un par de minutos. Extraer con un colador, aclarar y reservar enterrada en azúcar unas 3h. Realizar el mismo proceso con el vino oloroso.
Salsa Foyot: Disponer la yema, a temperatura ambiente, en un bol. Dejar caer sobre esta un pequeño cordón de mantequilla removiendo sin parar. Una vez integrada añadir el vinagre y el fondo de ternera. Mantener.
ACABADO Y PRESENTACIÓN: Formar un  rectángulo con el tartar en el centro del plato, sobre este colocar las bolas heladas de mostaza y de principio a fin, tal como va a ser degustado: colocamos la bearnesa, un pan soufflé relleno de mantequilla de cebollino, confitura de limón y alcaparra, pan relleno de mantequilla de Sichuan, la compota de tomate especiado, pan relleno de mantequilla de cúrcuma, el pan relleno de mantequilla de pimentón de la vera y al final el esférico de oloroso. Acabar el plato con unas hojas de mostaza.

viernes, 27 de enero de 2012

LA MODA DE LOS RESTAURANTES DE CULTO

En todo el mundo existen lo que se denomina "restaurantes de culto", son restaurantes que son carisimos con un ambiente exquisito y que para reservar mesa hay que hacerlo con más de un mes de antelación, el ya desaparecido Bulli de Ferran Adriá fue uno de los primeros, pero no se trata de restaurantes "estrellados" sino de nuevos locales que por su aparición en  la revista 'Omnivore', la guía 'Fooding' o el blog 'Food Intelligence', se ponen de moda en eso de el "culto".

El periodista gastronómico Bellver comenta que el modelo habitual de estos restaurantes de culto consiste más o menos en lo siguiente: 

- cocina creativa minimalista y sin concesiones, elaborada mayormente por alumnos de Passard, Barbot, Gagnaire, Aduriz...en Francia o Adriá en el resto del mundo, que tienen bien aprendido el secreto de las cocciones precisas y los sabores nítidos (no más de tres en el plato), basada en los productos estacionales bio que llegan al mercado local, con algún guiño esporádico a los sabores exóticos; 



- menús cerrados que suelen cambiar cada día o cada semana a precios caros pero bastante contenidos.



- espacios de tamaño asombrosamente reducido con decorado coqueto pero nunca recargado, que va desde el interiorismo con pedigrí hasta el modelo reciclaje 'low fi', pasando por el socorrido minimalismo danés.



- servicio joven pero sobradamente preparado, con aire 'décontracté' de 'hipster' neoyorquino, lo que llaman en París   'BoBo', buen conocimiento del terreno y actitud cordial no exenta de cierta displicencia al estilo francés. 



- carta de vinos proclive a los productores de culto –o directamente raros– con predominio de la agricultura ecológica o biodinámica y tendencia a evitar el anhídrido sulfuroso. 


En la foto un ejemplo de este tipo de restaurantes en París AGAPE SUBSATANCE

jueves, 26 de enero de 2012

EN MADRID FUSION TIUNFAN LOS PANCHITOS


"Es curioso, ¿verdad? Nosotros ofrecemos caviar pero ellos tienen más gente". En el puesto de Caviar Nacarii de Madrid Fusión no terminan de creérselo. Ofrecen uno de los mayores manjares del mundo pero, en cambio, quien 'parte la pana' en la zona polivalente, donde las mejores marcas de productos exponen sus delicias a asistentes, ponentes, y cocineros, es la 'fábrica' de perritos (panchitos) de Oscar Mayer, que está justo enfrente de su puesto.
A. Heredia
A. Heredia
Fábrica porque a lo largo de un día son capaces de preparar al grill más de 1.500 perritos calientes a diferentes estilos. Con cebolla, chilli, ketchup, mostaza, jalapeños... esto si con un buen tinto. Da igual. "Podríamos preparar más de 3.000 pero no, preferimos hacerlo con calidad", dice Rafa, uno de los trabajadores del puesto, que se pavonea de que a degustar sus creaciones ha ido hasta elmismísimo Boris Izaguirre -presentador de uno de los espacios el pasado lunes-.
De igual a la hora que acudas a su 'stand'. Siempre está lleno de gente, lo que contrasta con otros puestos con menos visitantes que ofrecen los mejores quesos y jamones del mundo o las delicias coreanas -picantes, en su mayor parte-. "Todo el mundo dice que está riquísimo", dicen en el puesto de la marca. "A veces no damos abasto a dar a todo el mundo".
Llega la hora de la comida y la zona polivalente se convierte en un gran comedor, donde el Ayuntamiento de Valladolid ofrece sus manjares,todos para 'afrontar' el frío: callos, sopas de ajo o potaje de garbanzos.
Atrás queda otra enriquecedora jornada de Madrid Fusión, en la que Ramus Kofoed ha expuesto cuál cree que es el secreto para ganar el Bocuse D'Or, el Oscar de la cocina: organización, personalidad y creación. Según el danés Kofoed, bronces, plata y oro del 'torneo', algo así como el Clint Eastwood del cine, a España, que nunca ha pasado del octavo puesto, lo que le 'falla' lo que le falla es que tiene una cocina muy, muy creativa, y prestigiosa. Qué entelequia.
Kofoed, de 37 años, se preparó durante 8.000 horas e invirtió, un millón y cuarto de coronas danesas -cerca de 200.000 euros-, para lograr el Oro de la competición. Todo ello ayudado por un amplio grupo de patrocinadores.
Por otro lado, Oriol Roviera (ElsCasals) ha llevado a Madrid Fusión la experiencia de Sagas, su "bocadillería del siglo XXI". Uno de sus lemas es "comer con las manos". "Es la forma primigenia de comer en todas las culturas", ha expuesto el cocinero catalán, que ha preparado, entre otros platos, unos rollos de lechuga rellenos de pollo, ostras y salsa picante inspirados en Asia.
Otra de las tendencias presentadas este jueves ha sido la del chef José Avillez (Belcanto, Lisboa) y su escuela culinaria de crear paisajes, una forma de llevar la naturaleza al plato con hierbas, remolacha, algas, rodaballo o bivalvos.
Por último, en la mañana los asistentes han podido disfrutar de las 'lecciones' de Andoni Luis Aduritz, uno de los mejores cocineros del mundo, según los expertos, que ha mantenido durante cuatro meses su restaurante, Mugaritz, cerrado para seguir innovando. Más de 90 creaciones han pergeñado en este periodo y que tratan, entre otros temas, del paso del tiempo, como una sopa hecha a través de hojas de camelia.
Fuente EL MUNDO

sábado, 17 de diciembre de 2011

PAELLA COMO MANDAN LOS CANONES

Como ya hemos dicho otras veces, la paella no es eso que se hace en nuestro querido continente sudamericano, donde los bichos de mar son los que denotan su presencia. La autentica paella es la que hacían los campesinos valencianos con el material que tenían a mano en el momento, agua, arroz, verdura, pollo, conejo y si por allí pasaba una rata también la echaban a la paella,
En este caso no le hemos echado rata, Pepe - un autentico maestro en estas artes- nos ha hecho la autentica paella del campo de Elche que ustedes pueden seguir en las fotos en 8 sencillos pasos.




Para leer bien las leyendas hacer click sobre las fotos

El resultado fue de Maravilla pues donde uno lleva la cocina al terreno y lo del terreno a la cocina es cuando las cosas salen bien como mandan los cánones. Sabores y aromas autenticos de "categoría internacional" y además contamos con un maridaje extraordinario, con un Ribera del Duero que le va como anillo al dedo, un ABADIA MANTRUS cosecha 2010, un vino sencillo pero que estaba a la ltura de lo que esta paella del "Camp d ´elx" demandaba a pesar que le faltaban los caracoles. Pero la cosa no quedó así, para esperar la paelleta y mientras tostabamos un pan que era "mel", Paco el dueño de "la barraca", nos hizo un "all i oli" con aceite virgen del lugar cosechado de sus propias oliveras y estrujado en las almazaras de la cooperativa, que era canto de los dioses y no te hacia cantar el aliento, algo sublime.

Y después de la paella, la Reme nos trajo su coca que sus nietos Gracia y Alvarito no dejaron ni una miaja, anda que no que para maridajes y buena gente no hay como el camp d´Elx.